viernes, 25 de febrero de 2011

Maria Schneider

El último tango en París



El reportero



La actriz, que se había vuelto un icono de la revolución sexual con el papel de Jeanne, la joven amante de Marlon Brando en El último tango en París, falleció el jueves pasado a los 58 años.

Maria Schneider es la hija de una modelo francesa de origen rumana y de un actor famoso, Daniel Gélin, que nunca quiso reconocerla. Decide dejar el hogar a los 15 años, sobrevive haciendo ilustraciones de menús de restaurante y modelando para pantalones de mezclilla. A los 17, sale de extra en una película en cuya filmación Brigitte Bardot se encariña con esta adolescente perdida. Maria vive con la estrella durante dos años y empieza a obtener papeles secundarios.

Maria Schneider tiene 19 años cuando el escándalo provocado por El último tango en París la lanza a la fama internacional en 1972. La película, por su tema y su contenido erótico, suscita reacciones violentas pero previsibles por parte de los gobiernos y de la iglesia. En Italia, no basta con censurarla, quieren destruir las copias de la cinta. Obviamente todos estos clamores moralistas contribuyen en hacer inmediatamente de la película un clásico, del cual Maria Schneider iba a ser la beneficiada y la víctima a la vez.

La joven actriz rechaza durante un tiempo el papel que le ofrece Bertolucci, pero sus amigos cercanos la convencen de aceptar. Maria Schneider va a actuar con el mejor actor del mundo: Marlon Brando, que acaba de grabar El padrino, se encuentra a la cumbre de la fama. El rodaje es una experiencia difícil y la actriz se siente violada por Brando y Bertolucci, quienes conspiran contra ella, principalmente en la famosa escena de la sodomía, donde no se le advierte a Maria de lo que va a pasar.

Años después, la actriz declaró que Bertolucci le había robado siete años de su vida durante las cuales la actriz se perdió en las drogas y el odio a sí misma. Al día siguiente de la muerte de Maria, el director italiano confesó que quizá podría haber sido cierto y que se arrepintió de no haber podido pedirle perdón. El éxito tan fulgurante de la película la encerró en un cierto estereotipo de mujer sexy, libertina y atrevida. Pasó los siguientes años de su carrera rechazando papeles que se parecían demasiado al de Jeanne.

La historia de Maria Schneider plantea la siguiente pregunta: ¿se tiene el derecho de manipular a una joven actriz bajo el pretexto de hacerla participar a una obra que posiblemente hará historia? La actriz se hubiera seguramente quedado en el anonimato si no fuera por Bertolucci, pero quizá también hubiera tenido una vida más feliz. Maria Schneider, al igual que Marilyn Monroe, Jean Seberg o Shelley Duvall, es parte de las actrices cuyos destinos se llenaron de tragedia.

Maria Schneider era una vagabunda del cine que, afortunadamente, pudo comprobar que era una gran actriz y no solamente la joven provocadora del Último tango. Grabó con directores franceses, alemanes o italianos, con estilos y visiones a veces totalmente opuestas: René Clément, Jacques Rivette, Werner Schröter o Michelangelo Antonioni, director de El reportero donde Maria encarna una juventud viva y sin límites, al lado de Jack Nicholson.

La actriz francesa protegía mucho su vida privada. Sólo se sabe que vivía con su pareja, una mujer amorosa que le había permitido dejar las drogas y construir una vida privada digna y feliz, lejos de todos los traumas y escándalos. El jueves pasado Maria Schneider bailó su último tango con ella.


Publicado en lahuesuda.com el 7 de febrero 2011

martes, 15 de febrero de 2011

Michel Gondry, director de fantasías

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

El avispón verde


El avispón verde, actualmente en cartelera, es el quinto largometraje de ficción del francés Michel Gondry, un director juguetón, imaginativo y ecléctico.

Gondry tenía todo para ser músico: el acceso a discos e instrumentos, la creatividad y el entorno familiar; su abuelito fue el inventor de uno de los primeros sintetizadores sonoros en 1947 y su padre era fanático de jazz, pianista y organista amateur. En los ochentas, él mismo Michel empezó como baterista en un grupo pop llamado Oui Oui, que nunca tuvo un gran éxito. Sin embargo, el grupo se distinguía por sus videos imaginativos y adornados de efectos especiales originales, todos realizados por el propio Gondry.

De alguna manera, la música le sirvió de trampolín para hacerse un nombre en el medio del video y luego del cine. Varios artistas franceses empezaron a pedirle que dirigiera sus videos. La fama internacional le llegó cuando Björk vio en MTV el video de La Ville, una canción de Oui Oui. La cantante y compositora islandesa contactó al francés para el video de Human Behaviour. Desde entonces han colaborado en cinco videos más y se acercaron numerosos artistas a él para realizar algunos de sus videos musicales. Entre ellos, Lenny Kravitz, Daft Punk, Foo Fighters, Beck, Radiohead, The Vines, The White Stripes y en el 2007 el video de Dance Tonight de Paul McCartney con la onírica aparición de Natalie Portman. La lista es tan impresionante como los videos mismos, que reúnen generalmente efectos visuales hechos directamente con la cámara y planos secuencias en traveling virtuosos. (Come into my world de Kylie Minogue, Protection de Massive Attack, Sugar Water de Cibo Matto)

¿Qué tiene Gondry de tan especial para atraer a tantos artistas? Desde niño, tuvo esta necesidad de inventar cosas para representar los mundos que imaginaba. Así fue como desarrolló una aptitud para hacer mucho con casi nada. Adepto del bricolaje, Gondry es conocido por crear sus propios efectos especiales. Basta con ver el video de Like a Rolling Stone, la canción de Bob Dylan interpretada por los propios Rolling Stones, para darse cuenta de la habilidad de Gondry. En 1995, cuatro años antes de The matrix, el francés había ya inventado el famoso efecto bullet time. Este sistema consistía en acomodar centenares de cámaras fotográficas al lado las unas de las otras y tomar fotos al mismo tiempo para luego juntarlas como fotogramas en la edición y dar así una impresión de movimiento.

La publicidad ha también sido un campo de experimentación importante para Gondry, grabando comerciales innovadores para grandes empresas. En 1997, aplicó la técnica del efecto bullet time en un impresionante comercial para una marca de vodka. El francés dirigió Drugstore, otro comercial para una famosa compañía de pantalones de mezclilla, en un estilo totalmente distinto, el cual resultó ser el más premiado de la historia.


Extrañamente su aventura con el cine iba a empezar relativamente tarde con la realización de Human Nature en 2001. Después de un corto titulado La lettre que encontró un éxito tanto crítico como público, Gondry tiene la suerte de conocer al genial guionista Charlie Kaufman, autor de ¿Quién quiere ser John Malkovich?, cuyo director Spike Jonze le recomienda Gondry para dirigir su siguiente guión, Human Nature. Esta sátira burlesca, filosófica y antropológica con Patricia Arquette, Tim Robbins y Rhys Ifans (el inolvidable compañero de casa de Hugh Grant en Notting Hill) conquistó a un público limitado y a unos cuantos críticos.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, quizá la mejor comedia romántica de los años 2000, fue la segunda colaboración entre estos dos creadores, quienes comparten la creencia de que el poder de la imaginación no tiene límites. Kate Winslet y Jim Carrey se lucen en un registro de actuación diferente a lo que estábamos acostumbrados a ver. En esta conmovedora historia sobre el luto y el olvido del amor, Gondry puso sus talentos al servicio de una hermosa historia y logró sin duda su mejor película hasta el día de hoy.

La ciencia de los sueños es el único largometraje de ficción que grabó en Francia - el año pasado dirigió ahí La espina en el corazón, un documental sobre su tía - y el primero basado en un guión suyo. Gael García Bernal interpreta a un joven excéntrico tratando de seducir a su vecina, creando un universo donde la imaginación reina. En Be kind rewind, Gondry regresó a Estados Unidos para realizar una comedia bizarra en forma de homenaje al cine y a la ingeniosidad de unos jóvenes grabando remakes de películas famosas sin nada de presupuesto.

Cuando vi el cartel del Avispón Verde, me imaginaba una enésima película de superhéroe aburrida y previsible. Me sorprendió ver que Gondry había aceptado dirigirla, luego entendí que se trataba de una serie que hizo competencia a Batman en 1966, que, sin nunca alcanzar la fama de esta, se volvió serie de culto sobre todo por la presencia de Bruce Lee.

Junto con Hancock y Kickass, la última producción de Gondry es otra película de superhéroe que no lo es. La primera hora plantea hábilmente a personajes atípicos a través de situaciones francamente cómicas. Desgraciadamente la segunda parte de la cinta cae en las debilidades habituales del género: demasiadas explosiones, un final sin sorpresas y al final un sabor de boca agridulce.

El estilo visual de Gondry es único y sigue fascinando a otros artistas y a un público cada vez más amplio y heterogéneo. El director francés es un Méliès de los tiempos modernos, un creador inagotable que inventa sus propios efectos especiales y sigue jugando con la cámara como cuando tenía ocho años. Nada más por eso, y aún si no nos conmueven todas sus películas, tenemos que agradecerle y esperar sus siguientes proyectos: una película de ciencia-ficción y otra en tres dimensiones con Björk, su musa de siempre.



Publicado en Letras de Cambio el 30 de enero 2011.

viernes, 4 de febrero de 2011

Eric y Ken: fútbol, arte y conciencia social

Ken Loach y Eric Cantona

Los dos Eric



Casi dos años después de su estreno en el Festival de Cannes, llega a las pantallas de nuestro país Buscando a Eric, una comedia social en la cual Ken Loach dirige al exfutbolista Eric Cantona.

A primera vista Ken Loach y Eric Cantona no tienen mucho en común. El primero es un director inglés de 64 años conocido por sus películas cuyos protagonistas son generalmente marginados u oprimidos. Sus cintas, la mayor parte de ellas dramáticas, siempre reflejan los elementos disfuncionales de nuestras sociedades modernas. Es uno de los más importantes representantes del realismo social europeo, junto con los hermanos Dardenne en Bélgica y Robert Guédiguian en Francia. Es un director discreto que sigue encontrando, desde hace más de 40 años, un éxito crítico importante, principalmente con Kes, Ladybird Ladybird, Tierra y libertad y El viento que acaricia el prado, ganadora de la Palma de Oro en 2006.

Eric Cantona, por otra parte, es una leyenda del futbol inglés. El temperamental delantero francés llegó a Inglaterra en 1992 y el mismo año ganó el campeonato con Leeds United. Al año siguiente firmó con el Manchester United y se volvió Eric The King. En cinco años con la playera roja, Eric El Rey anotó 80 goles, se llevó cuatro campeonatos más junto con cuatro copas y, sobretodo, conquistó el público del nordeste de Inglaterra con su fuerte personalidad y sus imprevisibles jugadas.

Sin embargo, los dos hombres comparten por lo menos dos pasiones: Loach ama al fútbol como Cantona ama al arte. Si este último hubiera podido cambiar sus talentos futbolísticos por un don para la pintura, lo habría hecho sin pensarlo. Cantona pinta, fotografía y actúa. Loach es fanático de fútbol y del Bath Football Club en particular. Ambos se han puesto también en el papel de voceros de los oprimidos a través de su militancia política. Loach ha estado siempre involucrado en las luchas sociales de su país, en el Partido Laborista durante 40 años y ahora en el partido de izquierda llamado Respect Party.

Por su lado, Cantona, sin involucrarse tanto, hace regularmente muestra de su carácter utopista y “revolucionario pacífico”: recientemente, cuando los franceses estaban en las calles protestando en contra de la reforma de la jubilación, el actor marsellés declaró que si todo el mundo retiraba su dinero de los bancos, el sistema neoliberal podría derrumbarse y que eso era la mejor manera de protestar. El 7 de diciembre (¿homenaje al famoso 7 de su camiseta del Manchester?), incitó el pueblo galo a hacerlo mientras él mismo, en un gesto simbólico, iba a sacar una parte de su dinero.

La cinta que unió estas dos personalidades representa un reto espinoso, el de hacer una comedia con trasfondo social, incluyendo un homenaje al que fue designado jugador del siglo XX del campeonato inglés, tratando de mostrar el lado humano del icono. Cantona mismo buscó a Ken Loach para plantearle la idea que tenía de hacer una película sobre las estrechas e insondables relaciones que mantiene con sus aficionados. Ken Loach, como buen fanático de futbol, no pudo rechazar la oferta.

En Buscando a Eric, Cantona actúa su propio papel, pero el verdadero protagonista de la película se llama Eric Bishop, cartero de Manchester cuya vida parece estar fuera de control. Eric está separado de su segunda esposa pero vive con los hijos de ésta, los cuales hacen de su vida una pesadilla. Al mismo tiempo, su hija le pide cuidar a su nieta de vez en cuando, lo que le obliga retomar contacto con su primera esposa, de la cual sigue enamorado.

En esta situación desesperada, después de una sesión de autoayuda con sus colegas y de algunas fumadas de cannabis, aparece su ídolo de siempre, Eric Cantona, para aconsejarlo, como si fuera el coach de su vida. En este contexto social deprimente y con la gravedad de los problemas de Eric el cartero, Eric el exfutbolista surge como el detonador de la comedia. Vale la pena mencionar, que manteniendo su estilo, Loach no dio a conocer el guión a los actores, y la aparición del verdadero Cantona en el papel de Cantona, sorprendió a todo el elenco.

El exfutbolista nunca había convencido como actor pero encontró aquí el papel de su vida, el cual consiste en burlarse de él mismo al momento de comentar los momentos más importantes de su carrera, comparándolos con los obstáculos que atormentan la vida de su aficionado.

El momento más difícil de la carrera de Cantona ha sido sin duda en 1995, cuando fue suspendido ocho meses por haber pateado a un aficionado del equipo contrario, al momento de salir expulsado de la cancha. Eric el cartero le pregunta sobre lo que hizo para sobrevivir en esos tiempos de depresión y Cantona contesta que enfocó su mente en otra cosa, le dice que aprendió a tocar la trompeta y empieza a interpretar torpemente La Marsellesa.

Estos elementos cómicos permiten también entender un poco más quien es Cantona. Muchos dicen que es poeta antes de ser futbolista. Sus palabras a la prensa después de su expulsión quedarán para la posteridad: "Cuando las gaviotas siguen un barco, es porque piensan que se lanzarán sardinas al mar". En la película, Eric Bishop confiesa que esta declaración le dio dolor de cabeza durante meses. El mismo título del filme se refiere a la búsqueda de sí mismo a través de un modelo idealizado a seguir. Buscando a Eric Cantona, Eric Bishop acaba por encontrarse a sí mismo.

La película oscila entre risas, tensión y lágrimas, abordando los temas del amor, de la familia y de la amistad, siempre con la miseria social de trasfondo. No podemos despreciar la calidad del guión y de las actuaciones, mucho menos considerarla como una película menor de Ken Loach bajo el pretexto de que es una comedia. Los que saben poca cosa de fútbol y menos de Cantona la disfrutarán de igual manera, ya que cuenta con muchos elementos narrativos que hacen de Buscando a Eric una comedia ineludible.


Publicado en Letras de Cambio el 23 de enero 2011.

lunes, 31 de enero de 2011

El plano secuencia: el cine sin corte

Expiación de Joe Wright


Elephant de Gus Van Sant



Además de ser generalmente un ejercicio de alta precisión y a veces una hazaña técnica, el plano secuencia es una herramienta que puede lograr efectos visuales y narrativos impresionantes.


El arte cinematográfico, tal como lo conocemos, se basa en gran parte en el montaje, es decir, en el arte de escoger y juntar varios planos que forman secuencias, las cuales se ordenan para constituir un filme. Sin embargo, las primeras películas de los hermanos Lumière no tienen ningún corte: son lo que hoy llamamos planos secuencia, que pueden durar de 10 segundos hasta dos horas.

Algunos años después de la invención del cinematógrafo, los cortometrajes de Georges Méliès fueron los primeros donde aparecieron cortes, los cuales no fueron hechos en la edición sino directamente con la cámara. Así fue como se crearon los primeros efectos especiales de la historia del cine, haciendo por ejemplo desaparecer personajes de la pantalla. Al final de los años veinte, la mayoría de las teorías y practicas de edición que usamos hoy en día ya se habían inventados gracias a los aportes de D.W. Griffith en los Estados Unidos y de Kuleshov, Pudovkin y Eisenstein en Rusia.

Si la edición permite un sinfín de posibilidades en la narración, el plano secuencia ofrece también muchas posibilidades. Al principio de una película, sirve para plantear el universo donde se van a mover los personajes. Un ejemplo mítico es el plano que abre Sed de mal de Orson Welles. Asimismo, el plano secuencia al principio de Boogie nights nos presenta de manera embriagadora el universo disco de los setenta así como los principales personajes de la película.

El plano secuencia en movimiento ofrece también la facultad de involucrar más al espectador en la historia, ya que éste se vuelve un personaje del filme que acompaña a los personajes. Los planos secuencias de Gus Van Sant en Elephant transforman al espectador en testigo privilegiado de la masacre en la preparatoria de Columbine.

El director francés Michel Gondry se ha vuelto experto en el uso de planos secuencias en traveling, sobretodo en sus videos musicales para artistas como Radiohead, Massive Attack, The White Stripes o Kylie Minogue. Asociando estos planos con efectos visuales, Gondry supo crear una estética muy personal que podemos observar en la hermosa cinta Eterno resplandor de una mente sin recuerdos.

Asimismo, el plano secuencia permite describir una acción en tiempo real. Time code de Mike Figgis es una película grabada en tiempo real por cuatro cámaras que siguen a varios personajes cuyas trayectorias se entrecruzan. La pantalla esta divida en cuatro y el espectador puede seguir lo que esta ocurriendo en cuatro lugares distintos mientras se escucha el sonido de una u otra de las escenas.

La tecnología digital actual permite cosas con las cuales soñaban los directores de antaño, principalmente contar con una cámara ligera que pudiera manipularse con facilidad y tener un soporte que permita grabar horas sin tener que parar para cambiar el rollo cada 10 minutos. En el 2000, El arca rusa de Aleksandr Sokúrov fue grabada en una sola toma de 90 minutos adentro del Museo del Hermitage de San Petersburgo. Este ejercicio se aparenta a la coreografía de un ballet, donde cada movimiento de cámara y de actores tiene que ser milimetrado y cronometrado para que la obra fluya. Estas tomas necesitan generalmente muchos ensayos. En este caso, 22 asistentes de dirección apoyaron al director ruso durante varios meses para dirigir a los 800 actores y a las tres orquestras.

En 1948, Alfred Hitchcock había ya realizado la primera película aparentemente compuesta de un sólo plano. En La soga, para disimular el cambio de rollo, la cámara pasaba por un lugar oscuro cada diez minutos, manteniendo así la impresión de continuidad. Sin embargo, la mayoría de las películas contienen cientos de planos, a veces hasta más de mil, sobre todo en las cintas de acción o de suspenso hollywoodenses. La adaptación de Stephen King de The mist tiene mil 292 planos, lo que significa un cambio de plano cada 5.4 segundos.

El plano secuencia también puede ser fijo. El arte experimental ha utilizado este recurso para producir unas rarezas como las famosas anti-películas de Andy Warhol: Sleep, donde el artista pop grabó a su amante durmiendo durante cinco horas, y Empire, plano fijo del Empire State Building de noche, que dura nada menos que ocho horas. El aburrimiento y la dificultad para visionar la obra eran parte de la experiencia, por lo tanto Warhol nunca aceptó que se proyectara una versión corta de la obra.

Asimismo, el director sueco Roy Andersson recurre mucho a este medio para mover a sus personajes en universos inmóviles, como si fueran parte de un cuadro. Su película surrealista Canciones desde el segundo piso del 2000 es compuesta de unos cuarenta planos fijos que le brindan un ritmo y una estética inimitables.

La inmensa mayoría de los espectadores no se dan cuenta del tipo de planos utilizados cuando están viendo una película y qué bueno, ya que si fuera el caso, la magia del cine dejaría de funcionar. Sin embargo, ojos de cineasta pueden detectar la presencia de un plano secuencia bien logrado. Recientemente, dos películas hermosas nos ofrecieron planos secuencias que seguramente quedarán en la historia.

En Expiación del británico Joe Wright, la cámara sigue a James McAvoy en soldado inglés que está esperando su evacuación en la playa de Dunkerque. La verosimilitud, los movimientos de cámara y la presencia de 2 mil extras dan a esta escena una profundidad pocas veces vista. De igual forma, en la película argentina ganadora del Oscar a la mejor película extranjera en 2010, El secreto de sus ojos, la post producción permitió juntar tres planos (uno desde un helicóptero, otro con una grúa y el ultimo con cámara al hombro) en un plano secuencia memorable, situado en un estadio de fútbol.

Algunos planos secuencias entraron en la leyenda del cine, generalmente por su impacto visual y su virtuosismo. Representan uno de los recursos narrativos más expresivos y plásticos que hay en el lenguaje cinematográfico y no es coincidencia si los mejores directores del séptimo arte (Welles, Scorcese, Antonioni, Kubrick, Kiarostami o Tarkovsky, entre otros) lo han empleado de maneras tan diversas.

Publicado en Letras de Cambio el 16 de enero 2011

martes, 25 de enero de 2011

El cine en el cine: la cámara espejo


Brigitte Bardot y Michel Piccoli en El desprecio



Ocho y medio


Desde la invencion del cinematógrafo, algunas películas han retratado el mundo del cine para alimentar su propia leyenda o para ofrecer una reflexión crítica sobre el medio de la producción cinematográfica.


En los primeros años del séptimo arte, el cine empezó a mirarse en el espejo. A partir de 1910, películas cortas burlescas mostraban ya las dificultades y peripecias para hacer una película. El cine mudo ofrecía una visión muy optimista, como el sueño hollywoodense retratado en Espejismos de King Vidor en 1928, donde una mujer joven logra volverse estrella de cine.

A partir de los años 30, la mirada se vuelve más crítica. En 1932, Hollywood al desnudo retrata la ascensión de una camarera a la cumbre de la fama mientras observamos a un director de cine caer cada vez más en su alcoholismo y en sus desilusiones. En Cautivos del mal de Vicente Minelli, Kirk Douglas interpreta a un productor tiránico y manipulador que sacrifica todos sus principios por el cine. Esta cinta de 1952 denuncia la crueldad de un mundo basado en el dinero y la apariencia. El mismo año se estrena Cantando bajo la lluvia, el famoso musical que refleja la dificultad de la reconversión de los actores del cine mudo al cine hablado.

En los años 60, la Nueva Ola francesa, compuesta de cineastas que eran antes que todo críticos de cine, ofreció una reflexión moderna sobre el tema. Truffaut dirigió La noche americana en la cual actuó también en el papel de un director que trata de mantener en pie un rodaje caótico. Se llama “noche americana” al procedimiento que permite grabar de día y fingir que es de noche gracias a algunos filtros puestos en la cámara, y el título de la cinta delata la falsedad de un mundo basado en semblantes y caprichos de estrellas egocéntricas. Esta película es a la vez un canto de amor al cine y una crítica hacia la superficialidad de este medio. Se considera también un manifiesto de la Nouvelle vague en el sentido que anuncia el fin de las películas grabadas en estudios y el principio de un cine grabado en las calles, más cercano a la gente, en sus técnicas y en sus discursos.

El otro maestro de la Nueva Ola, Jean-Luc Godard, dirigió la cinta El desprecio, una reflexión sobre las dificultades del artista en el mundo moderno al mismo tiempo que la crónica de la destrucción de una pareja. Un productor encarga a Fritz Lang, quien interpreta su propio papel, dirigir una adaptación de la Odisea de Homero; descontento con el guión, el productor encarga a un escritor (Michel Piccoli) reescribirlo. Este último está casado con la joven Camille (Brigitte Bardot) y la historia de los dos protagonistas se va a entrecruzar con la de Penélope y Ulises. El director de Sin aliento celebra en esta cinta su amor por el cine de una manera simbólica que se acerca a lo sublime.

Aunque algunos ven en Ocho y medio de Fellini una obra autobiográfica casi narcisista, no podemos negar que esta obra entró en la leyenda del séptimo arte. Marcello Mastroianni es Guido Anselmi, un director que tiene que lidiar con una profunda crisis creativa, al igual que Fellini, quien encontrará en sus recuerdos y fantasías la solución ultima para resolver su crisis existencial y poder ofrecer al espectador una obra única, profunda y mágica.

Los hermanos Coen, quienes estaban sufriendo del bloqueo del escritor al igual que Fellini para Ocho y medio, escribieron Barton Fink en tres semanas mientras tenían dificultades para acabar el guión de su siguiente película, Miller’s Crossing. Los hermanos se llevaron nada menos que la Palma de Oro en Cannes con esta película que evoca la falta de inspiración de un exitoso escritor de teatro neoyorquino que llega a Hollywood en los años 40 para escribir un guión sobre la lucha libre.

En las últimas décadas, varios directores expresaron su amor al cine a través de sus películas: Giuseppe Tornatore en Cinema Paradisio, Pedro Almodóvar en Todo sobre mi madre y Los abrazos rotos. Tim Burton dirigió a Johnny Depp en Ed Wood, biografía del que se considera el peor director de la historia del cine, pero a pesar de la evidente falta de talento del director de películas de serie Z, Burton rinde un homenaje a su pasión por el cine, su entusiasmo y su perseverancia.

En La rosa púrpura del Cairo, Woody Allen vuelve realidad la fantasía absoluta del actor idealizado que sale literalmente de la pantalla para acompañar a una admiradora y dar relieve a su vida aburrida. En un estilo totalmente diferente, David Lynch transformó el mundo cinematográfico en un laberinto fascinante y espantador, sobre todo en Mulholland Drive e Inland Empire (Imperio).

Uno de los guionistas más aclamados de estos últimos años, Charlie Kaufman, autor de los brillantes ¿Quieres ser John Malkovich? y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, tuvo la genialidad de representarse a él mismo y a un gemelo ficticio, ambos guionistas, en El ladrón de orquídeas. Nicolas Cage es a la vez Charlie Kaufman, guionista luchando para adaptar un libro para la pantalla grande y su hermano Donald Kaufman, quien encuentra el éxito al escribir su primer guión en un estilo demasiado hollywoodense para los gustos de su hermano. Sinécdoque, Nueva York, su primera cinta como director es otro “Objeto Cinematográfico No Identificado”, donde Philip Seymour Hoffman es un director de teatro que llega a confundir totalmente la vida real y el mundo ficticio de la obra que intenta poner en escena durante 30 años.

El próximo viernes podrán ver en los cines mexicanos Somewhere, la nueva obra de Sofía Coppola, ganadora del León de Oro en Venecia el año pasado. En esta película parcialmente autobiográfica, la hija de Francis Ford y prima de Nicolas Cage destroza el sistema hollywoodense y el arquetipo de la estrella de cine.

Hoy en día el cine sobre el cine es considerado por muchos como un género en sí, que ha ofrecido inspiración a cineastas con estilos y visiones muy diversas, dando la luz a obras maestras a través de sus reflexiones sobre el arte y la vida.



Publicado en Letras de Cambio el 9 de enero 2011

jueves, 20 de enero de 2011

¿Dónde está el cine mexicano?

Cinco días sin Nora



El violín



El cine mexicano, bueno o malo, llega raramente a las pantallas. Se producen cada año pocas películas y son menos todavía las que son proyectadas en las salas de nuestro país.


Solamente 54 películas mexicanas se estrenaron en 2009, 42 de ellas con apoyo económico del gobierno, éstas apenas rebasaron los 10 millones de espectadores cuando en ese año 307 películas fueron exhibidas en las salas oscuras con un total de 180 millones de boletos vendidos. Esto significa que solamente un espectador de cada 18 prefirió ir a ver una cinta nacional. ¿Será tan malo el cine mexicano para tener tan poca difusión y ahuyentar a tantos cinéfilos?

Hay que reconocer que la industria cinematográfica nacional padece de un problema estructural. En un momento dado del largo proceso de producción de un largometraje se rompe la cadena creativa y todos los esfuerzos se vienen abajo por falta de apoyo, de dinero, de difusión. Muchos creadores se quedan haciendo cortos, unos con ideas novedosas e indiscutible talento, sin poder dar el paso hacia el primer largometraje.

Tomemos un ejemplo: un joven creador, guionista o director, cuenta con un proyecto sólido e innovador, logra establecer relaciones en el medio de la producción cinematográfica y obtiene así apoyo económico, privado o público. Se rueda la película, que resulta ser una obra de calidad y un éxito crítico, llevándose varios premios en festivales nacionales e internacionales. Haciendo de lado unas rarísimas excepciones, lo más seguro es que esta película se estrene en muy pocas salas mexicanas y que sea vista por un número infinitesimal de espectadores.

Los ejemplos abundan: El violín es una película inteligente y conmovedora cuyo protagonista, don Ángel Tavira, se llevó el Premio al Mejor Actor en la sección Una Cierta Mirada en Cannes. Asimismo, cada uno de los tres largometrajes de Carlos Reygadas ha sido seleccionado en el Festival de Cannes, el último de ellos, Stellet licht (Luz silenciosa) ganó el Premio del Jurado en 2007. Lake Tahoe y Desierto adentro son otros dos ejemplos de éxitos críticos mundiales del año pasado que no atrajeron más de 30 mil espectadores. El año pasado, Cinco días sin Nora ganó premios en Guanajuato y Morelia pero también en Canadá, Estados Unidos, Cuba, Rusia, España, Argentina, Japón y Francia, sin embargo, en México, sólo 29 mil personas acudieron a ver esta película divertida y sensible, con un elenco formado de actores y actrices conocidos y reconocidos.

Claro que estos títulos forman parte de lo que se conoce como cine de arte y que no pueden atraer a tantos espectadores como Rudo y Cursi o la taquillera Otra película de huevos y un pollo. Sin embargo, se puede apoyar de manera lucrativa a proyectos sólidos, sin que las películas sean necesariamente difíciles de abordar. En 2008, los éxitos públicos de películas como Arráncame la vida o La misma luna (una coproducción con Estados Unidos) comprobaron que el cine mexicano también puede ser rentable: las dos cintas recaudaron 75 millones de pesos en taquilla.

A pesar de ello, los grandes complejos cinematográficos muestran una fuerte tendencia a reducir los espacios reservados al cine nacional y al cine de arte. En nuestra ciudad, por ejemplo, la sala Otro enfoque del Cinépolis Centro ha desaparecido. La cartelera de la semana pasada en Morelia habla por sí misma: ninguna película mexicana, ninguna siquiera en un idioma que no fuera el inglés. Entre ellas, Mi nombre es John Lennon y Una propuesta atrevida con Julianne Moore y Liam Neeson son las únicas dos que podríamos considerar cine de arte, en el sentido que proponen algo diferente a los enésimos Harry Potter o Crónicas de Narnia, que suelen monopolizar las salas en esta época de vacaciones.

El oligopolio de los distribuidores y de las cadenas de exhibición de cine en México les ha permitido manejar la difusión del cine nacional como quieren: escogen pocas películas mexicanas, las cuales se muestran en escasas salas y quitan de la cartelera cualquier película que no haya llenado las salas en su semana de estreno. Estas empresas gigantescas han podido también tomar a los espectadores como rehenes subiendo el precio de los boletos de manera usurera: entre 2000 y 2010, el precio promedio ha subido en un 75 por ciento (de 28 a 50 pesos) y casi en un 25 por ciento en los dos últimos años.

Estas estructuras deficientes del cine nacional suelen provocar una fuga de talentos. ¿Será una coincidencia que los jóvenes creadores mexicanos más talentosos se expatríen para grabar sus películas? Después de una primera película exitosa en México, los que se consideran hoy como los más influyentes del cine mexicano (Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu) filmaron su segunda película en Estados Unidos y casi no han vuelto a grabar en su país, prefiriendo las ofertas del cine estadounidense o español.

El problema reside no solamente en la distribución, sino también en el apoyo a la producción. En 2006 fue implementado el EFECINE conocido como artículo 226, un estímulo que permite dar un 10 por ciento del ISR a las producciones cinematográficas. Esta ley permitió recaudar fondos para el 80 por ciento de las películas hechas en 2009. Desgraciadamente, por cuarto año consecutivo, el gobierno federal ha reducido el apoyo a la cultura, este año por más de un 25 por ciento y el IMCINE, así como el EFECINE, son de los más afectados. Eso significa menos películas producidas, y más cineastas y técnicos del cine desempleados.

¿Dónde están ahora las películas mexicanas? Muchas veces se quedan en las mentes o en los guiones de creadores frustrados, otras en las manos de unos pocos suertudos. Las podemos encontrar en festivales internacionales o en DVDs piratas, pero raramente en las salas oscuras. Sin duda, el cine mexicano merece mejor trato.


Publicado en Letras de Cambio el 19 de diciembre 2010

viernes, 14 de enero de 2011

Distopías en el cine: el peor de los mundos

La Naranja mecánica




La Jetée




El género de ciencia-ficción apocalíptica está cada vez más presente en las pantallas estos últimos años. ¿Será el reflejo de una sociedad enferma y preocupada por su futuro o simplemente fantasías hechas para vender?


Tanto en la literatura como en el cine, la distopía se impuso como un género de mayor importancia a principios del siglo XXI. La carretera, Watchmen: los vigilantes, Soy leyenda, Ceguera, Exterminio, Distrito 9, V de vendetta, la serie de los Resident evil, Avatar y Los niños del hombre –esta última, del mexicano Alfonso Cuarón-, son algunas de las cintas distópicas que se estrenaron durante los últimos cinco años. Hasta películas de animación cómo Wall-E o Nueve retratan un planeta sin o con pocos humanos, obviamente, resultado de una destrucción parcial o total de la Tierra por la propia especie humana.

La distopía apareció a los finales del siglo XX, con H.G. Wells como pionero, y se desarrolló de manera exponencial a partir de los años 30, haciéndose aún más popular después de la Segunda Guerra Mundial. Ante un mundo que había presenciado uno de los episodios mas horríficos de su historia, autores de anticipación empezaron a preocuparse por el porvenir de la humanidad, criticando el mundo moderno que tomaba forma ante sus ojos y mostrando el miedo que les inspiraban los nuevos totalitarismos capitalistas y comunistas.

Las obras de Aldous Huxley, George Orwell, Isaac Asimov, Anthony Burgess o Pierre Boulle, entre otros, han sido adaptadas a la pantalla grande. El director de Los 400 golpes, François Truffaut dirigió en 1966 y por primera vez fuera de Francia, la película Fahrenheit 451, basada en la novela de Ray Bradbury. En esta cinta los líderes del mundo quieren destruir toda forma de cultura, quemando todos los escritos de la humanidad para poder controlar a los ciudadanos. Blade Runner de Ridley Scott o THX 1138 de George Lucas, a pesar de ser previsiones irrealistas para los próximos años, son otros planteamientos de sociedades futuristas disfuncionales que nos permiten tener un ojo crítico hacia nuestro mundo.

Cuando el destino nos alcance (1973) propone una hipótesis mucho más realista: en 2022, el mundo estará sobre poblado, habiendo escasez de agua y un solo tipo de alimento, el famoso soylent. A pesar de esta situación, como siempre en la historia de la humanidad, una minoría mantiene el control político y económico sobre la multitud: mientras la mayoría lucha por su supervivencia alimentaria, esos pocos comen carne y verduras.

Algunas distopías se convirtieron en obras maestras del séptimo arte: la primera película de ciencia-ficción de la historia del cine, El viaje a la luna de Georges Méliès, describe en 1902 la primera guerra de los mundos, entre los selenitas y los astrónomos que llegaron a la Luna. Otra obra del cine mudo, Metrópolis de Fritz Lang, se considera el filme cumbre del expresionismo alemán, grabada en los años 20 cuando Alemania vivía su peor crisis económica.

La jetée (1962), fotonovela cinematográfica de 28 minutos en blanco y negro del francés Chris Marker, retrata un mundo devastado por la Tercera Guerra Mundial, en el cual los sobrevivientes, que tienen que habitar en el subsuelo, deciden mandar a uno de ellos al pasado con el propósito de recaudar información que permita mejorar la situación actual de los humanos. Esta joya narrativa y estética inspiró El último combate, primera película de Luc Besson, en blanco y negro, con personajes incapaces de dialogar y tratando de sobrevivir en un mundo post-apocalíptico, uno de ellos fue interpretado por Jean Reno (entonces desconocido, quien llegó a ser Enzo Molinari en Azul profundo y el inolvidable Léon en El profesional, las dos dirigidas por el mismo Besson). La jetée también fue la inspiración para Doce monos de Terry Gilliam, quien había ya descrito en Brazil un mundo futuro burocrático y totalitario muy cercano al de 1984 de George Orwell y al del Proceso de Franz Kafka, llevado a la pantalla por Orson Welles.

Antes de Ciudadano Kane, Welles ya había alcanzado la fama a los veintitrés años al adaptar para radio el clásico La guerra de los mundos (1898), de H.G. Wells. Es conocido que en aquel momento los radioescuchas se asustaron pensando que la invasión extraterrestre era real. Esta novela ha sido la base para numerosas adaptaciones, la última en 2005 por Spielberg, anunciando el regreso del cine catástrofe.

Al contrario de la distopía que presenta generalmente una crítica indirecta a la sociedad, el cine catástrofe ha sido utilizado por los gobernantes para generar temores inconcientes y reforzar una política de miedo. Las películas que retratan un peligro extraterrestre empezaron a ser muy populares en los años 50, al principio de la Guerra Fría, cuando el gobierno trataba de asociar en la mente de los ciudadanos las invasiones extraterrestres a la amenaza comunista. Algunos ejemplos de este género en los últimos años son Armageddon, El Día de la Independencia, Cloverfield, El día después de mañana o 2012. Sin embargo, el 11 de septiembre de 2001, la realidad superó a la ficción y todos los miedos de los estadounidenses y del mundo occidental se orientaron hacia el terrorismo islamista.

En 1971, la novela de Burgess, La naranja mecánica, se convirtió en película de culto. El director, Stanley Kubrick, representa a la sociedad británica del año 1995, reflexionando sobre la naturaleza de la violencia humana, la entidad familiar descompuesta, la hipocresía de los gobernantes, la manipulación por parte de los medios de comunicación, la represión y la rehabilitación forzada, temas que hoy en día siguen al centro de los debates. Alex, el jefe de la pandilla en el filme, no es presentado como la escoria a disciplinar, sino como el fruto y la víctima de una sociedad controladora.

Las utopías pueden orientar, dar esperanzas y enseñar valores, pero su interés narrativo es limitado. Las distopías ofrecen, al contrario, un sinfín de posibilidades en cuanto a historias, personajes y mundos fantasmagóricos, donde se vuelven realidad las perspectivas más pesimistas y los miedos más grandes de la humanidad: guerra nuclear, terrorismo biológico, escasez de agua y alimentos, sobrepoblación, experimentos genéticos, control de los pensamientos por la tecnología, estados totalitarios y hasta invasiones extraterrestres. No sorprende ver en cartelera tantas cintas de este género, ya que aunque estos guiones de pesadilla se vuelven cada día más factibles, parece que al espectador le gusta apaciguar sus miedos comprobando en la pantalla que todavía no hemos llegado al peor de los mundos.


Publicado en Letras de Cambio el 12 de diciembre 2010